Elecciones estudiantiles, discursos de odio y la disputa por el espacio público
Jujuy entre las fake news y la democracia universitaria: lo que dejó la elección en Humanidades

La Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales volvió a las urnas después de seis años sin representación estudiantil. Mientras ciertos sectores operan desde las fake news y el discurso de odio contra la participación política universitaria,cientos de estudiantes reafirmaron el derecho a elegir y ser elegidos. Resultados, contexto y sentidos de una jornada que fue una verdadera fiesta democrática.
La elección del Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (UNJu) del pasado 20 de noviembre dejó mucho más que números. Dejó señales políticas, sociales y culturales en un contexto provincial donde operan distintas fake news, bajadas de línea y discursos de odio dirigidos contra sectores específicos, en este caso, la comunidad universitaria. Lo que pasó en la FHyCS no puede separarse de ese clima: una disputa por los sentidos, por la representación y por el lugar de la política en los espacios públicos.

Las fake news en Jujuy no son nuevas: circulan en redes, en medios provinciales y en grupos que buscan instalar que la política “ensucia”, que la universidad debe mantenerse “neutral” o que los estudiantes son meros consumidores de títulos sin derecho a organizarse. Estas operaciones intentan reducir el espacio público a un territorio despolitizado, funcional a intereses concretos que prefieren ciudadanos desinformados, aislados y sin capacidad de participación.
Pero lo ocurrido en Humanidades demostró lo contrario: cuando la comunidad se organiza, la democracia respira.
Seis años sin representación: un problema que tenía dueños
Tras la pandemia, los centros de estudiantes quedaron paralizados. Durante seis años no hubo elecciones en ninguna facultad. La prohibición de aglomeraciones durante el COVID-19 fue solo una parte del problema: también hubo sectores interesados en prolongar la falta de representación, porque un estudiantado sin centro es un estudiantado sin voz.

Los centros de estudiantes no son meros espacios administrativos: son instituciones políticas, culturales, sociales y económicas. Son herramientas fundamentales para defender derechos ante autoridades universitarias , visibilizar inquietudes, necesidades y niveles de gobierno. En ellos se gestan liderazgos, debates y modos de participación que fortalecen la vida democrática.
Por eso incomodan.

El espacio público como territorio político
Para entender lo que está en juego, vale recuperar a los autores que estudiaron lel espacio público como un lugar de disputa y poder:
- Henri Lefebvre plantea que el espacio es una construcción social donde se ejerce lucha y resistencia. Su concepto de derecho a la ciudad es clave: participar del espacio es participar del poder.
- Mitchell sostiene que el espacio público es un escenario donde se negocian derechos, donde los grupos disputan visibilidad y reconocimiento.
- Manuel Castells piensa el espacio como lugar de movilización, donde se construyen identidades colectivas.
- Jane Jacobs defiende que los espacios comunes deben promover interacción social, no aislamiento.
Todas estas perspectivas nos ayudan a entender por qué a ciertos sectores les molesta la política en la universidad. La incomodidad no es con “la política”: es con la participación, con la organización, con la construcción de ciudadanía.
Prefieren —y lo dicen abiertamente— estudiantes automatizados: que estudien, voten, no opinen, no se organicen y no cuestionen.
Pero la universidad pública argentina tiene otro ADN: el del pensamiento crítico, el del compromiso social, el de la defensa de derechos conquistados desde 1983 y sostenidos con 42 años de democracia.

Discursos de odio: fabricar enemigos para proteger privilegios
Las ciencias sociales han sido históricamente atacadas por sectores de ultraderecha. No es casualidad: son disciplinas que investigan, conectan economía con política, explican desigualdades y transforman números en identidades. En definitiva, ponen nombre a los privilegios.
Por eso los discursos hegemónicos buscan instalar falacias:
- “El pobre es pobre porque quiere”.
- “Reclamar derechos es ser antipatria”.
- “Querer una vida digna es ser rebelde o violento”.
Mientras tanto, quienes contaminan el agua, destruyen territorios o se benefician de regalías mínimas para explotar recursos naturales se presentan como los verdaderos patriotas. El discurso público se invierte: los responsables parecen inocentes, y los afectados son presentados como enemigos.
En ese contexto, la falta de representación estudiantil no era un error: era funcional a esta lógica.
El 20 de noviembre ganó la democracia
El retorno a las urnas rompió la inercia. Volver a elegir después de seis años no es un gesto burocrático: es una declaración política colectiva.
Ese día, ganaron los estudiantes, ganó la democracia y ganó la organización.
Fue una jornada que combinó aprendizaje, participación, convivencia y diferencia. Se respiró debate y fiesta. Las agrupaciones se hicieron presentes en todo el proceso: desde la campaña hasta el escrutinio definitivo. Hubo fotos, videos, fiscalización, acuerdos y desacuerdos, pero sobre todo hubo legitimidad.
Datos relevantes de la elección
- Total de votos: 1816
- Generación Universitaria ( Franja Morada,U21,FU. Horizonte, Protección): 1452 votos
- Fuerza Estudiant Cepa, Independientes ,La Leal,Libres del Sur ;132 votos
- Universitarios por la Libertad: 104 votos
- Contracorriente (MST , Izquierda– Pan y Rosas – Independientes): 116 votos
- Votos blancos: 7
- Votos nulos: 5
Curiosidades que dejó la jornada
- La Franja Morada después de 25 años preside el Centro de Estudiantes de Humanidades.
- En la sede Tilcara, de 212 estudiantes habilitados, votó uno solo, y ese voto fue para Contracorriente.
- La jornada contó con la presencia del presidente de la Federación Universitaria Argentina, un gesto político significativo para el sistema universitario jujeño.
Hacia adelante: responsabilidad colectiva
La representación no termina con el escrutinio: empieza allí.
Ahora la responsabilidad es de todos los sectores estudiantiles: sostener elecciones anuales, promover participación, garantizar transparencia y fortalecer el sistema democrático universitario.
La disputa continuará: las fake news seguirán operando, los discursos de odio buscarán dividir, y ciertos actores intentarán instalar que la política es un estorbo. Pero la elección del 20 de noviembre demostró que, cuando el estudiantado decide participar, la democracia deja de ser abstracta y se vuelve práctica cotidiana.
Humanidades mostró que pensar no es difícil: lo difícil es no dejarse arrastrar por discursos hegemónicos que buscan fabricar enemigos.
La universidad pública sigue siendo un espacio de resistencia, identidad y futuro.
Y esta elección fue la prueba.



