Inclusión: Histórica Gustavo Znoy, marca un antes y después en la política jujeña
Inclusión y superación en Jujuy
A los 41 años, Gustavo repasa un camino lleno de obstáculos, desde la falta de accesibilidad en la escuela hasta convertirse en cabo de la Policía de Jujuy gracias a las políticas públicas y ley de cupo laboral a personas con discapacidad. Su historia es un mensaje de esperanza para quienes enfrentan una discapacidad.
Una vida atravesada por la fuerza de la voluntad
Gustavo Znoy tiene 41 años y, como él mismo dice, “una capacidad visible”. Desde los 12 años está en silla de ruedas, después de que una enfermedad con problema musculares le impide volver a caminar. Aquel momento fue un quiebre: la adolescencia se le hizo cuesta arriba, no solo por el impacto emocional sino también por las barreras físicas que encontró en la vida cotidiana.

“Fue fuerte aceptar que no iba a volver a caminar”, recuerda. La secundaria resultó especialmente difícil, no por las materias, sino por la falta de transporte público accesible y edificios educativos sin rampas ni condiciones adecuadas. Esa realidad lo llevó a comprender que muchas personas con discapacidad no logran terminar los estudios por las limitaciones edilicias , transporte público no adaptado ( piso bajo) son con escaleras , hasta para adultos mayores o personas con discapacidad temporal.es un obstáculo.
A pesar de todo, Gustavo no se detuvo. Años más tarde, ya de grande, logró terminar el secundario, un paso que él considera fundamental para lo que vendría después.

Del reclamo ciudadano al uniforme policial
Durante mucho tiempo, Gustavo fue la voz de quienes reclamaban por un transporte público inclusivo y por rampas seguras, construidas con medidas y ángulos estandarizados. Esa experiencia de lucha se transformó en una base sólida cuando, hace cinco años, la provincia de Jujuy abrió la posibilidad de ingreso a la Policía mediante la ley de cupo de inclusión de cupo laboral.
Así se convirtió en el primer policía jujeño en silla de ruedas. Ingresó a la Universidad Provincial de Seguridad junto a otras tpersonas con distintas discapacidades: una hipoacúsica, otra con problemas de visión y él, con su discapacidad motriz. “Me exigieron mucho en lo intelectual porque no podía hacer la parte física como mis compañeros”, explica.
Su perseverancia dio frutos. Con esfuerzo y acompañamiento, se recibió y se incorporó a la fuerza. Hace apenas unos días fue ascendido a cabo. Entre risas, comenta: “Ya no estoy liso, tengo mi rayita ,de cabo».
La familia como sostén

Gustavo reconoce que no hubiera llegado tan lejos sin el apoyo de su madre, sus hermanos y su hermana. Recuerda que en los primeros años, cuando la tristeza lo encerraba en su casa, su hermano lo sacaba a pasear aunque él no quisiera. También menciona la influencia de la iglesia evangélica a la que asistía, le decían que iba a caminar ,» Se que lo haciann como aliento pero si Dios me quiso así lo acepto y tomé la decisión de vivir con esa realidad y transformaría vida a partir de ella».
“Tomé la decisión de hacer algo por mí mismo, de fijarme objetivos y cumplirlos”, afirma.
Un mensaje para quienes atraviesan dificultades
Hoy, con estabilidad laboral, un sueldo y responsabilidades, Gustavo reconoce que el trabajo policial no es sencillo: “Hay cansancio físico y también mental, pero estoy muy contento con lo que hago”.
Por eso, se dirige a quienes atraviesan situaciones delicadas:
“Que no se queden quietos, que hablen, que pregunten, que busquen. Siempre hay un camino para salir adelante. El primer paso es tomar la decisión”.
Muchos le consultan cómo pueden ingresar a la Policía teniendo una discapacidad. Su respuesta es siempre la misma: perseverar, tocar todas las puertas y no bajar los brazos.
Inclusión que se hace realidad
La historia de Gustavo Znoy no es solo personal, también refleja el impacto de las políticas públicas cuando se implementan con decisión. La ley de cupo permitió que él y otros pudieran formarse y trabajar en la fuerza policial. Su caso demuestra que la inclusión no es un gesto, sino una oportunidad real de transformar vidas.
“Cada golpe me sirvió para no frenar y llegar a mi objetivo”, repite Gustavo, mientras se despide acompañado por su madre y su hermana. Una historia que inspira, pero sobre todo, que abre caminos para muchos otros.

