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Murió el padre Ricardo Artacho, el sacerdote de la sonrisa y las anécdotas

Murió el padre Ricardo Artacho, el sacerdote de la sonrisa y las anécdotas


Falleció un referente espiritual en Jujuy
Oriundo de Buenos Aires, vivió durante décadas en la provincia. Fue asesor espiritual de la Fundación Manos Abiertas y una figura cercana, sencilla y entrañable para la comunidad católica jujeña.
El padre Ricardo Artacho falleció el 28 de abril de 2025. Nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1934, llegó a Jujuy hace varias décadas, donde desarrolló una intensa labor pastoral y social. Fue asesor espiritual de la Fundación Manos Abiertas y se ganó el cariño de todos por su carácter afable, siempre con una sonrisa, una historia o una anécdota para compartir.

Solía contar que era uno de once hermanos y hablaba con profundo amor de su madre. Cuando se le preguntaba dónde pensaba terminar sus días, respondía que su vida ya no le pertenecía: había sido entregada a Dios y a la Iglesia.

En una de sus últimas reflexiones, expresó con preocupación la escasez de vocaciones: “Cada vez hay menos curas y más iglesias”, dijo durante un viaje a la zona de la localidad Cura Brochero, Córdoba,donde esta realidad es cada vez más visible. Recordaba también que ser sacerdote implicaba siete años de estudio, una formación interdisciplinaria y un compromiso misionero.

Compartía una singular coincidencia con el Papa Francisco: ambos pasaron por la iglesia de Luján y cumplían años el mismo día, el 17 de diciembre, aunque Artacho era dos años mayor.

A lo largo de su vida pastoral, pasó por la Iglesia Catedral y Río Blanco ,acompañó de cerca al arzobispo Fernández, así como a los jesuitas Ángel Rossi y Fernando Cervera, especialmente durante sus visitas por aniversarios de la Fundación o ejercicios espirituales. También devoto de la virgen de Guadalupe,cuando anduvo por las tierras aztecas trajo una imagen de la virgen dejándola en la iglesia de Rio Blanco,recordaba..

Quienes lo conocieron lo recuerdan como “el padre de la sonrisa”, un hombre humano y sencillo. Hablar con él era fácil: no juzgaba, sino que enseñaba con humildad. Aceptaba a cada persona tal como era, incluso si no compartía plenamente la fe católica.

Su legado queda vivo en cada recuerdo, en cada historia compartida y en la huella que dejó en quienes lo coocian.

Aya

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