De TikTok a la Casa Rosada: Milei y la política en la era del capitalismo de la vigilancia
Milei presidente y el caos argentino: realismo capitalista, crisis de representación y capitalismo digital
Cuando lo improbable se vuelve inevitable
El ascenso de Javier Milei a la presidencia de Argentina no puede entenderse únicamente como un giro electoral inesperado o como el resultado de una campaña eficaz. Su llegada al poder expresa una transformación más profunda: la crisis estructural de legitimidad del sistema político, el agotamiento de las narrativas tradicionales y la emergencia de nuevas formas de subjetividad mediadas por plataformas digitales.
En este sentido, Milei no es un fenómeno aislado sino un síntoma: una figura que emerge en un escenario donde el desorden social parece volverse regla. En términos contemporáneos, su ascenso puede leerse desde el realismo capitalista, la crisis de representación política y la lógica del capitalismo digital (Fisher, 2009; Zuboff, 2019).
Realismo capitalista: la clausura del futuro
Mark Fisher propuso el concepto de “realismo capitalista” para describir una condición cultural en la cual el capitalismo no se presenta como un sistema histórico entre otros, sino como el único horizonte posible. En sus palabras, se instala la sensación de que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo” (Fisher, 2009).
En Argentina, décadas de crisis económicas recurrentes han producido una subjetividad social marcada por la frustración y el desencanto. Milei aparece entonces como una figura que canaliza esa clausura del futuro: su discurso no promete un nuevo proyecto colectivo sino una ruptura destructiva con la política existente, bajo la idea de que todo lo anterior ya fracasó.

El realismo capitalista no elimina el malestar: lo administra. Y cuando la administración falla, emergen figuras disruptivas que prometen “salidas” radicales dentro del mismo horizonte capitalista.
Crisis de representación: el vacío de lo político
La llegada de Milei también debe pensarse como resultado de una crisis de representación. La política tradicional pierde su capacidad de interpelar a amplios sectores sociales, especialmente a los jóvenes, que ya no se identifican con los partidos históricos.
Franco “Bifo” Berardi sostiene que las sociedades contemporáneas viven una crisis de la imaginación política: la aceleración del capitalismo produce ansiedad, precariedad y una sensación de impotencia colectiva (Berardi, 2019). En ese contexto, la democracia representativa se vacía de sentido, y el espacio queda abierto para discursos de odio, antipolítica o salvación individual.
Milei se inscribe en esa lógica: su figura crece no tanto por adhesión programática sino por rechazo generalizado a la “casta”, un significante que condensa el hartazgo social.
Capitalismo digital y subjetividad algorítmica
Una dimensión central del fenómeno Milei es su articulación con el ecosistema digital. Su ascenso no puede separarse del rol de plataformas como TikTok, YouTube, X o Instagram, donde su discurso se viralizó de forma masiva.
Shoshana Zuboff describe este proceso como capitalismo de la vigilancia: un sistema donde la experiencia humana se convierte en materia prima para la extracción de datos, predicción de comportamientos y manipulación de deseos (Zuboff, 2019).
En este marco, la política ya no se organiza únicamente en partidos o sindicatos, sino en flujos algorítmicos. Milei es un producto de esta nueva ecología mediática: un líder diseñado para el formato viral, la indignación constante y la emocionalidad extrema.
La era de la exposición: transparencia, espectáculo y poder
Byung-Chul Han sostiene que vivimos en una “sociedad de la transparencia” donde todo debe volverse visible, comunicable y espectacular (Han, 2012). La política se transforma en performance, y el líder se convierte en influencer.
Milei encarna esta lógica: su figura mediática se construyó antes que su estructura partidaria. La presidencia llega después de la viralización.
En lugar de deliberación racional, lo que predomina es la política como shock: gritos, insultos, frases cortas, enemigos claros. El espectáculo reemplaza al proyecto.
Milei como bifurcación: caos social y ruptura institucional
Si se piensa desde la teoría del caos como metáfora sociopolítica, Argentina aparece como un sistema complejo, atravesado por múltiples variables inestables: inflación, precariedad, desconfianza institucional y saturación mediática.
En sistemas caóticos, pequeños eventos pueden amplificarse hasta producir cambios estructurales. Milei funciona como punto de bifurcación: una ruptura inesperada pero incubada por años de crisis.
Como advierte Fisher, cuando no hay alternativa imaginable, el sistema produce monstruos: salidas autoritarias, nihilistas o destructivas (Fisher, 2009).
Síntoma de época más que excepción argentina
Para ur finalizando el fenómeno Milei no es solo argentino. Se inscribe en una tendencia global donde el neoliberalismo, lejos de desaparecer, se reinventa mediante populismos de derecha, liderazgos digitales y guerras culturales.
Milei expresa:
- el agotamiento del consenso democrático,
- la precarización subjetiva contemporánea,
- la política convertida en mercancía algorítmica,
- la imposibilidad de imaginar futuros alternativos.
Su presidencia no debe leerse como accidente, sino como síntoma de un capitalismo en crisis que solo puede ofrecer más aceleración, más fragmentación y más espectáculo.
Referencias bibliográficas
Berardi, F. (2019). Generación post-alfa: Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Caja Negra.
Fisher, M. (2009). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? Caja Negra.
Han, B.-C. (2012). La sociedad de la transparencia. Herder.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.

